Algunas noticias sobre el Ramal C-14, el Tren a las Nubes y su zona.

lunes, 8 de julio de 2013

Hacia las Salinas Grandes

08/07/2013.

El final del Tren a las Nubes supone el comienzo de un nuevo rumbo para aquellos viajeros deseosos de adentrarse aún más en la Puna. Desde San Antonio de los Cobres, una carretera lleva hacia el norte hasta las Salinas Grandes, un sitio de horizontes confusos en el que el sol es un destello inevitable y la sombra un reparo imposible.

SALINAS GRANDES.


Ubicadas en el límite entre Salta y Jujuy, estas enormes salinas abarcan una superficie superior a los 200 kilómetros cuadrados y fueron hace varios millones de años una enorme laguna cubierta de aguas saturadas por la sal proveniente de la actividad volcánica de las cumbres cercanas.

Con el tiempo, el clima seco favoreció la evaporación de las aguas, y convirtió al lugar en un inmenso océano de sal. Blanca y vasta, la superficie de las salinas sumerge en un universo casi onírico a quien las conoce.

Es un mar inconcebible, quebrado en hexágonos irregulares que asemejan islotes de bordes tenebrosos bajo un sol que no tiene piedad. Nada nace allí y nada crece allí, en ese inmenso páramo blanco.
A poco de ingresar en las Salinas, a través de un camino que la cruza en forma longitudinal, la imagen de dilatada soledad da lugar a otra, menos insondable y más dramática.

Con sus rostros y manos heridos por el clima, decenas de trabajadores extraen sal para llevarse unos pocos pesos a sus hogares. Cubiertos con ropas abrigadas para combatir el frío, que al atardecer ya se hace insoportable, y protegidos sus ojos con lentes oscuros para evitar el terrible reflejo del sol, estos obreros extraen ladrillos de sal exponiéndose a condiciones paupérrimas de trabajo.

“Me llamo Juan y vivo en Tres Pozos”, me dice un chico de unos 20 años, con la cabeza y el rostro totalmente cubierto por una gorra, un pañuelo y unos anteojos negros. Tres Pozos es un pueblo muy cercano, de humildes casas de adobe, del que provienen la mayoría de los trabajadores de las Salinas. “Todos los días vengo hasta acá en mi moto. El trabajo es duro, pero lo aguanto bien”, cuenta Juan, quien vende unos muñequitos de sal a los turistas que se acercan a la salina. “Con esto me hago unos pesitos más”, me explica, mostrándome los muñequitos. Por 15 pesos le compro una llama hecha de sal, rústica y pequeña, que me llevo como un recuerdo de aquella tarde, que empieza a morirse entre ráfagas de viento helado. Es tiempo de ir dejando las Salinas Grandes, entonces.

http://www.lavoz.com.ar/salinas-grandes/hacia-salinas-grandes



Nota del Webmaster:
Le recuero que la vía continua más allá de San Antonio de los Cobres, llegando hasta Socompa del lado argentino, y continua hasta Antofagasta en Chile. Desgraciadamente hoy ese tramo no es recorrido por ningún tren de pasajeros, ya que ese servicio quedó cancelado en 2002.


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