Algunas noticias sobre el Ramal C-14, el Tren a las Nubes y su zona.

lunes, 7 de abril de 2014

Tren a las nubes: un viaje al cielo salteño

07/04/2014.

Por María Navajas, especial.

Una experiencia única, que avanza por el valle de Lerma, atraviesa yungas (selva de montaña) y arriba a la Puna, último piso geológico. Son 217 kilómetros de rieles y en el recorrido cruza 29 puentes, 20 túneles (uno de ellos dos veces), 13 viaductos, dos rulos y dos zigzags.



Sábado, 6.30. La estación General Belgrano de la ciudad de Salta es una fiesta. La Banda de Música de la Policía de la Provincia pone sus acordes a la reapertura de temporada del Tren a las Nubes, cuando todavía la jornada está en penumbras. Tras el corte de cintas y la bendición de la unidad ferroviaria, autoridades, funcionarios de la empresa y los flashes de numerosas cámaras rubrican la importancia del acontecimiento.

Numerosos turistas, muchos de ellos extranjeros, se contagian del entusiasmo y a las 7.04 el repique de la campana y el silbato del tren anuncian la partida. Algunos viajeros rezagados apuran el paso, tras comprar las bolsitas de hojas de coca ($ 10) y botellas de agua (de dos litros $ 20), elementos vitales para evitar las molestias del mal de la Puna.

De manera lenta, la locomotora comienza a andar y tirar los ocho vagones. Se trata del trayecto férreo más alto de Argentina y uno de los que integra el récord a nivel mundial. Asciende a 4.200 metros sobre el nivel del mar en un recorrido de 434 kilómetros, ida y vuelta.

La formación atraviesa el valle de Lerma, donde se encuentra la capital salteña, a 1.177 metros de altura, y por las ventanillas desfila Cerrillos, población dedicada a la producción del tabaco, mientras, en el horizonte se dibujan cerros cuyas cumbres se hunden en las nubes. Erráticas matas de coloridas flores silvestres alternan el paisaje que deja ver modestos caseríos desde cuyos patios los lugareños saludan.

Dentro de los vagones se escucha a Mercedes Sosa en su inolvidable interpretación de La masa y a un promedio de 35 kilómetros por hora el tren llega al cruce de la ruta nacional 51, que acompaña el recorrido del tren. Se atraviesa el primero de los 29 puentes por sobre el río Blanco.

Comienza la zona de yungas (selva o nuboselva) y se aproxima la Quebrada del Toro, el río del mismo nombre y el primer viaducto. Abajo, la capilla San Francisco de Asís, y en El Alisal, el primer zigzag (cambio de vía que permite ganar 54 metros de altura). El segundo zigzag es en la estación Chorrillos, donde gana una altura de 45 metros.

El tren es acompañado por ruta, durante todo el trayecto, por camionetas y una ambulancia mientras un coordinador en cada vagón narra la historia del tren. Son jóvenes de San Antonio de los Cobres, altamente capacitados, que aportan datos de este baluarte de la ingeniería.

La estación Richard Maury recuerda al ingeniero estadounidense, autor del proyecto del Tren a las Nubes, quien con seguridad y osadía bregó por el principio de adherencia de las ruedas del tren a las vías y en base a la física descartó el uso de cremalleras. Utilizó la trocha angosta y se inspiró en la forma en que las cabras trepan a los cerros mediante zigzags.

Maury se guió por los lugareños, conocedores de fortalezas y debilidades del terreno, para hacer el trazado. Utilizó el sentido común, aunque tuvo que luchar contra la opinión derrotista de no pocos detractores.



La construcción del ramal C-14 comenzó en 1921, pero la inestabilidad política del país impidió un ritmo regular en las obras que terminaron en 1948. En 1972 circuló el primer tren turístico, que se hizo servicio regular en 1978.

Un servicio de desayuno (snacks y café) matiza el relato, de los guías que con cifras trazan el perfil de la formación, mientras el paisaje presentan los típicos cardones entre los 2.000 y 3.000 metros de altura y alcanzan hasta 15 metros.

Los números

El Tren a las Nubes tiene 217 kilómetros de rieles; cruza 29 puentes; traspone 20 túneles (uno de ellos dos veces); 13 viaductos; dos rulos, y dos zigzags que permiten circular por más de 1.400 curvas en un viaje seguro, que atraviesa los cielos de Salta en coches realizados por la empresa Materfer de Córdoba y la locomotora General Motors.

Los rulos permiten ganar altura y a lo lejos se observa el Nevado de Acay; otro rulo y se arriba a la estación Diego de Almagro, ya a 3.300 metros.

A partir del túnel Nº 10 comienza el cruce de otros en una seguidilla, de los cuales el Nº 12 es el más largo: tiene 508 metros y forma de “S”.

Un almuerzo ligero -dos empanadas de verdura y gaseosa o agua mineral (no conviene comer mucho), promedian el viaje de ida.

En apeadero La Bomba, a 4.000 metros, se atraviesa otro túnel a cuya salida se muestra el Abra Muñano y se arriba al último piso geológico: la Puna o Altiplano. Aparecen algunas comunidades de vicuñas y el tren se reencuentra con la ruta nacional 51. A ese nivel cobra protagonismo el Nevado de Acay, más cercano.

El clima seco con escasas lluvias, menor presión atmosférica y vientos que suelen superar los 100 kilómetros por hora, caracterizan la Puna, con una amplitud térmica tan marcada que en un día pueden registrarse las cuatro estaciones. Las temperaturas van de 22º bajo cero durante la noche, a 18º o 20º durante el día.

Las salinas que comparten Salta y Jujuy se hacen presentes, al igual que cuatro ojos de agua termal.

Comienza a caer agua nieve y se atraviesa San Antonio de los Cobres, donde se cruza el puente Nº 29, el último, y se aproxima, la estación Mina Concordia, hoy abandonada. Ya se divisa el imponente viaducto La Polvorilla, gran proeza del ingeniero Maury.



La locomotora auxiliar se pone a cola de tren y lo empuja hasta el viaducto, el punto más alto del recorrido. Allí se detiene para que los pasajeros disfruten del paisaje. Reinicia la marcha y el tren para junto al apeadero. Numerosos lugareños (adultos y niños) le ponen el color a esa porción de la Puna con textiles, cerámicas, exquisitas tortillas de queso, y cabras, vicuñas y llamas adornadas con cintas y flores de colores.

Es la oportunidad de vender, sacarse fotos con los animales y dejarse emocionar cuando los pequeños regalan piedras del lugar “para la energía”, sin esperar nada a cambio. El frío atraviesa los abrigos y se entona el Himno Nacional argentino que logra conmover incluso a los “gringos” que forman buena parte del pasaje.

Las opciones para el regreso son continuar en el Tren a las Nubes; subir a los movitrack para volver a la ciudad capital o incluir una llegada a Santa Rosa de Tastil. Otras alternativas son volver en camionetas hasta San Antonio de los Cobres y continuar a las Salinas, Tolar Grande y cruzar a Jujuy.

San Antonio de los Cobres

San Antonio de los Cobres está ubicada a 3.700 metros de altura, a 160 kilómetros de la ciudad de Salta. Tiene más de 5.000 habitantes y su nombre obedece a la explotación del cobre, característica que justifica que el pueblo tenga más hombres que mujeres. Las casas de adobe son común denominador de la comunidad que tiene iglesia, escuelas, hospital y la flamante hostería De las Nubes. Esta cuenta con 10 habitaciones dobles, Wi-Fi, restaurante de cocina regional, bar y living con agradable hogar a leña.

En la geografía, tan apabullante como adversa, resalta la voluntad de superación de los pobladores. Tal el caso de Azucena, encargada de Turismo, por el entusiasmo que pone al ofrecer los recursos de la región: desde la apacheta (ofrenda de piedras en montículo) más grande construida por centenares de arrieros, a los trabajos artesanales expuestos en el Mercado Artesanal; El Mojón, iglesia y Vía Crucis, construidos en madera de cardón, y Santa Rosa de los Patos Grandes, pequeño pueblo con restos arqueológicos.

Un programa de fiestas populares arranca el año con el Carnaval Andino en enero, sigue con las patronales con Misachicos en junio y la Pachamama, todo agosto.

En búsqueda del alma capitalina

Kevin Duckworth, “Sammy”, nació en el norte de Inglaterra donde un próspero negocio le permitió viajar cuatro meses al año. En 1996 llegó a Salta y dice que sintió “un amor a primera vista”, donde permaneció hasta que la crisis de 2001 lo obligó a regresar. Permaneció ocho meses en Inglaterra y “lloré todas los noches y por eso junté para volver”, agrega.

Se instaló en un residencial hasta que uno de los dueños de la Casona del Molino peña y restaurante (Luis Burela 1, casi esquina Caseros), le ofreció un cuarto en la propiedad.

En el magnífico solar de paredes de adobe, está siempre Sammy, sentado a la mesa de algunos de los muchos aficionados que le ponen alma y vida a bagualas y zambas. Tocado por un sombrero y enfrentado a un vaso de cerveza asegura que su familia es la gente que llega a la casona.

“Yo era inglés, tengo un pasaporte vencido que no quiero renovar”, dice con un profundo convencimiento que rubrican sus ojos claros.

Salta es una provincia donde las tradiciones se viven con pasión y en la Capital se manifiestan con distintos matices. El pasado de pueblos originarios, diaguitas y calchaquíes; la cultura hispánica; los tiempos independentistas, y los republicanos se expresan en un valioso patrimonio.

Con la típica disposición española en damero, la Plaza 9 de Julio es el corazón del centro histórico y, como tal, punto de inicio de caminatas por la historia y la cultura. Allí, don Hernando de Lerma fundó la ciudad en 1582.

La plaza mantiene la antigua glorieta que a lo largo del año acoge espectáculos musicales gratuitos y entre senderos y bancos, a la sombra de floridos palos borrachos y jacarandás, bulle el alma salteña.

Las calles España, Mitre, Zuviría y Caseros tienen construcciones seculares de encantadoras recovas que transportan a tiempos coloniales.

La Catedral Basílica impone el estilo ecléctico de la fachada y en el interior guarda las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro, patronos de la ciudad desde 1692.



Cada 15 de septiembre, la feligresía renueva el pacto de fidelidad en una conmovedora procesión multitudinaria, con peregrinos que bajan de los cerros, tras cinco días de caminata, hecho que desnuda la profunda devoción religiosa local.

Esa que también se manifiesta en Semana Santa que ofrece un programa litúrgico desde el jueves con el tradicional lavatorio de pies y sigue el Viernes Santo con el Vía Crucis.

En la ciudad se destaca el recorrido por siete iglesias céntricas: San Alfonso; La Merced; Catedral; Basílica Menor San Francisco; Convento San Bernardo; San José y Nuestra Señora de la Viña.

Alrededores de la plaza

Las calles que rodean la plaza muestran hitos como el Cabildo y el Museo de Arqueología de Alta Montaña (Maam), que en una imponente casona del siglo 19 atesora un valioso patrimonio incaico como las momias de los niños del Llullaillaco, hallados en 1999 en el volcán del mismo nombre, a 6.700 metros de altura, y en perfecto estado de conservación.

Completan ese cuadrante el Museo de Arte Contemporáneo (MAC); el Centro Cultural América, exsede de la Casa de Gobierno; el edificio Salta, del siglo 19, hoy hotel, y el Teatro Provincial.

El cerro San Bernardo, de 1.458 metros, se impone en la capital. A través de 1.060 escalones, se trepa a la cima, aunque un teleférico es una opción más relajada para obtener una panorámica de la ciudad.

Bohemia nocturna

La noche capitalina tiene una magia especial, que puede comenzar a desmadejarse en símbolos tales como las tradicionales empanadas, acompañadas de los buenos vinos cafayateños, en alguna de las muchas peñas que conforman la oferta local, tales como Don Oscar, en Balcarce 935; Valderrama, en San Martín 1126; La Cacharpaya, Salamanca y muchas más, dispuestas en la concurrida calle Balcarce, que concentra buena parte de la “movida”.

Sin embargo, a la hora de recomendar una peña genuina, que mantiene la auténtica raigambre popular, nadie duda en señalar la Casona del Molino. En el viejo solar, dicen de 200 años, se ofrecen comidas tradicionales y buenos vinos. En los amplios patios y espacios se comparte esa pasión por la poesía y la música folklórica, que está en el ADN del salteño.

De martes a domingos, de 21 a 5, llegan cantores y músicos, con guitarras, violines, bombos e instrumentos de viento para mostrar talentos, compartir momentos, y tentar a las musas que inspiraron al Cuchi Leguizamón, Jaime Dávalos y Los Chalchaleros, entre muchos otros.

Lo que hay que saber

Aéreo. Desde Córdoba Aerolíneas Argentinas vuela a Salta con salida a las 16.15 y llegada a las 17.40. Tarifa: $ 2.066 (ida y vuelta) e incluye tasas e impuestos. Regreso: parte a las 14.15 y llega a Córdoba a las 15.35.

Alojamiento. Delvino Boutique Hotel, primer establecimiento temático de vinos en la ciudad de Salta. Antigua casona remodelada con encantadores patios y ambientes. Cava, Business Center; solárium; wine bar; vinoteca y Wifi. Tarifas: habitación doble matrimonial estándar $ 690; doble matrimonial superior $ 790; suite ejecutiva $ 895 y suite Premium $ 1.180. Informes: Ameghino 555, teléfono (0387) 432-0092. E-mail: hotel@delvinosalta.com.ar

Hotel Almería (4*). Tarifas: habitación doble clásica desde $ 790; ejecutiva $ 1.070; superior $ 1.170 y suites desde $ 1.380.

Tren a las Nubes: pasaje económico, ida y vuelta $ 1.168. Combinación de tren y Movitrack $ 1.700. Temporada: de abril a diciembre. Horarios: sábados a las 7.05 con regreso a las 23.48. Ofrece numerosos programas que combinan otros destinos en camionetas.

Peñas: parrillada para dos desde $ 180 con guarnición.

San Antonio de los Cobres. Hostería de las Nubes, Habitación doble $ 630. Menú en restaurante desde $ 150.

http://www.lavoz.com.ar/turismo/tren-las-nubes-un-viaje-al-cielo-salteno

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